jueves, 1 de julio de 2010

SOMOS ESCRITORES, SOMOS AMIGOS


Amigos un curso se acaba. Una etapa termina. Algunos sabemos que esto no es cierto, nada acaba, nada muere. Es, tan solo, un inicio de una carrera a estrenar.

Somos escritores, somos amigos.

Inicios balbuceantes, confidencias de los entresijos del alma. Terapias verbales que curan y que expresan vivencias destinadas a nacer de las fauces de un ordenador.

Amigos, somos escritores. Esto no acaba.

Una mágica, entregada y creativa profesora –Teresa- nos ha guiado como a niños juguetones. Ha masajeado nuestra mente, ha echado pimienta a nuestros guisos para que tengan más sabor. Sin presionar, sin forzar ha ido juntando las piezas del puzzle de la teoría literaria hasta crear un serio volumen de “Formación de escritores”. Con suave mano nos empujaba a darnos el chapuzón en el agua de la creación de relatos. En ese lago de la imaginación se han movido las profundas olas de los sentimientos, los pausados círculos del recuerdo hasta las crestas de la sensualidad. El marino nos dio el cuaderno de bitácora de su navío privado, el fiel enamorado nos hizo la ofrenda de su entrañable romanticismo, el alma femenina suavizó, unas veces, las fuertes olas con el bálsamo de las alegrías familiares y otra, por el contrario, las encrespó con las heridas del sufrimiento, siempre sensibles, siempre llenas de ternura y amor. El barco de nuestra fratricida guerra apareció en lontananza con anécdotas de niños y de padres, allí el dolor se convirtió en humor, la tragedia en vivencias creadoras.

Gracias Teresa por este año. Gracias por tu saber hacer, por tu bondad y por compartir con nosotros tu conocimiento. Nos has regalado una riquísima tableta de chocolate que nos nutre, nos da placer y energía, para esta nueva etapa de escritores de nuestras memorias

jueves, 29 de abril de 2010

CARTA AL AMOR PERDIDO

No soy nadie sin ti, todo se hunde a mi paso.
El sol se levanta ceniciento en un infinito poblado de grises.
Los niños caminan encogidos bajo el peso de sus mochilas.
La ciudad languidece entre el rugido de los coches.

No soy nadie sin ti, nada tiene luz a mi paso.
Esa cara agrietada, llorosa y cetrina, esos ojos apagados, esa mujer herida no puede reflejarse en el espejo.
Es rechazo, es desprecio, no es posible mirarse.

No soy nadie sin ti, todo mi cuerpo se postra a mi paso.
Mis ojos se irritan con el humo, mis oídos chirrían con las máquinas, huele a sucio, huele a podrido.

No soy nadie sin ti, todo tu ser sale a mi paso.
Añoro tu cuerpo, evoco tu presencia, mi boca está huérfana de tus besos.
Miro a los ojos de otros y veo en el reflejo de sus miradas a una mujer abandonada.

martes, 27 de abril de 2010

CARTA AL AMOR


Soy feliz, todo vibra a mi paso.
El aire que me rodea es cálido.
La gente es amable, los niños sonríen.
El mundo gira a mí alrededor llenándome de energía.

Soy feliz,todo tiene color a mi paso.
Cuando me miro al espejo mis ojos brillan.
Ya no existe el ceño fruncido, ni la mirada apagada.
Me sorprende esa mujer alegre y chispeante.

Soy feliz, todo mi cuerpo tiembla a mi paso.
Mis andares se han vuelto ágiles y armoniosos, parece que me elevo al caminar.
Mis oídos se divierten con el canto de los pájaros y la música callejera me suena a sinfonía. Huele a primavera, huele jazmín.
Todo es promesa, todo es luz.

Soy feliz, todo tu ser sale a mi paso.
Toco su tela y me ablando.
Toco tu piel y me estremezco.
Huelo tu presencia y me embriago.
Saboreo tus besos y me ahondo.
Miro tus ojos y veo, en el reflejo de tu mirada, a una mujer enamorada.

domingo, 14 de marzo de 2010

LA MIRADA EN EL ESPEJO (Algo nuevo que no he hecho).

Mirarme al espejo sí, sí eso lo hago a diario durante muchos años. Pero mirarme como a un objeto para que mi mente capte y ordene a mi lápiz dibuje las líneas de lo que ve ¡eso nunca lo hice!
Dificultad, ilusión, sorpresa, cariño, ambigüedad, reconocimiento, recuerdo…todo un mar de sensaciones me invaden, a la par que mis dedos se esfuerzan, con torpeza, en trazar ese conocido y desconocido que es mi rostro.
Un óvalo, con imperfecciones por la cara sur. Curvas que delimitan oblicuos ojos, curvas que enmarcan una alargada nariz, curvas que envuelven una fina boca, curvas que dividen la frente y todo ello envuelto en delicadas sombras de la madurez. Una vida está escrita en esa cara que devuelve la mirada desde el espejo; es un crucigrama repleto de enigmas que mi lápiz no intenta resolver. Hoy, tan solo intenta dibujarlo en una hoja en blanco. El papel se va emborronando con el dibujo inexperto de una niña que mira como su madre la observa y medio sonríe desde el otro lado. ¿Será posible? Estás ahí? Esos ojos profundos que me quieren, ese escaso pelo que tanto cuidas, esa nariz intuitiva y exigente, esos surcos en la boca expresión de dolor y alegrías, esas cejas medio altivas que amparan la mirada, esa frente pensadora y reflexiva. Me inunda el recuerdo y el cariño, por los que fueron y están en mí, por lo que soy y por lo que he sido.
Acepto el reto de lo viejo que es lo nuevo, bienvenida seas.

domingo, 7 de marzo de 2010

EL OLFATO (descripción)

UN REGALO
Al entrar en el hall aspiré un perfume intenso y agradable qué me emocionó. Allí juntas y olorosas, me ofrecían la esencia del amor. De repente, aquella fragancia me transportó en un viaje virtual –al igual que la magdalena de Proust- a mis años de juventud y mis primeras salidas: mi primer baile, mi primer novio, mis 18 años… todo un mundo de novela rosa que huele a campo, que huele a naturaleza, que huele a limpio, que huele a primeras sensaciones y en definitiva que huele a esencias de corazón.
Allí estaban, envueltas en verde follaje, cerradas y emitiendo una colonia dulzona en toda la casa. Sus emanaciones envolvieron a toda la familia y lograron que todos sonrieran al husmear su evocadora y sensual esencia. El paso del tiempo, como hace con la vida, les fue dando madurez y profundidad en su esencia. Se fueron abriendo y permitiendo que su perfume cálido y evocador nos sumergiera a todos en nuestros sueños más íntimos. El olor intenso se volvió casi pegajoso. Poco a poco, sabiendo que su vida era efímera, se fue desprendiendo de cada una de sus partes, como un regalo póstumo, para darnos un baño relajante y así disfrutar de su última esencia.

UN GUISO
El aroma lo percibía ya en las escaleras, antes de entrar en casa. Olfateaba el agradable olor a guiso tradicional de muchas cocinas españolas. Me imaginaba el plato sopero lleno de aquel humeante, espeso y pardo líquido, en el que se entremezclaban todos las esencias de sus ingredientes. Allí, aspiraba la tierra con sus pequeñas chispas redondas y oscuras, base del plato; aspiraba la huerta con esencia de tomate y de cebolla; aspiraba las especias con restos de laurel, pimentón, nuez moscada, pimienta y pizca de ajo; pero especialmente aspiraba el fuerte, vibrante y delicioso olor de la matanza. Yo llegaba del colegio aterida por el frio y mi cuerpo entraba en calor solo con oler los efluvios de su rica mezcla. Cada vez que huelo un aroma de este oloroso y cálido guiso de matanza, de especias, con restos de algún producto de la tierra regreso a mi niñez y entro en calor.

DIVERTIMENTO DEL DEDAL

(Escribir con la letra D) DIVERTIMENTO DEL DEDAL

Dado que en un costurero no debe faltar un dedal, os diré de mis devaneos con el dedal de mi dedo, aquellos días lejanos que pasé, cuando era niña, en las Damas Blancas.
Las doncellas, dulces, divertidas, débiles, dedicadas a cumplir con nuestro deber (1), nos poníamos dócilmente el dedal en nuestro dedo derecho. Allí no había democracia, allí no había discusión, allí no había diplomacia (2)…Dolores, la dominante dictadora (3), nos decía: ¡con donaire y sin dudar, todas a deshilvanar!. ¡Qué drama, qué desesperación, qué disgusto! (4) Yo, dubitativa, miraba mi divina labor y decía: no tiene defectos, ni desgracias. Miraba en derredor y todas las discípulas, sin desánimo, deshacían la labor en el blanco damasco. Mi destino estaba claro, debía sin dilación obedecer. Con decisión y diligencia, pero muy derrotada, me puse a desandar el camino, así que desenhebré la aguja, quité las puntadas y, con gran dificultad deshice la costura.
Ante nuestra desesperación y desilusión, la dadivosa Dama, como premio nos dijo desdeñosa ¡danzar llenas de dicha damiselas! Y, yo me devanaba la cabeza con mis deseos de decirla ¡por Dios, danza tú desgraciada! (5). Déjame divertirme dibujando con mi hilo y mi dedal.

(1)Asindetón: eliminación de conjunción. (2)Anáfora: repetición de palabras. (3)Epíteto: adjetivo innecesario. (4) Exclamación: desahogo de sentimientos. (5) Imprecación.

sábado, 6 de marzo de 2010

FOTOGRAMA EN BLANCO Y NEGRO

¿Qué os puedo contar de mi vida? Visto en la distancia de los años me produce una imagen del cine en blanco y negro de los años 50. Era una niña querida, una princesita mimada de postguerra que apenas sufrió las inclemencias de la época, pero que, absurdamente, no fue feliz.
Me sigo viendo como la niña responsable ante toda la familia –con sus exigencias y sus traumas- y ante todas las obligaciones que me cargaban o me echaba yo sola a las espaldas. Mis padres eran alegres, vitalistas y en cierta medida frívolos. En casa se vivía un ambiente distendido en materia religiosa, política y moral; se concedía importancia a la vida cotidiana y sus muchos quehaceres con una red que te envolvía con amor y calidez. Por el contra, en el colegio la red que nos atrapaba era de rigidez, exigencia, grandes valores, verdades absolutas y abstractas. Yo pasaba la mayor parte del día en el colegio (lo digo como justificación) y opte por la inflexibilidad, la seriedad y por sentirme responsable de las deficiencias de mi familia, en la que por no tener, no teníamos mas que un primo lejano cura.
Quizás en esa época empezó mi vida contradictoria y mi sentimiento de desarraigo que mas adelanté contaré. Si mi mundo era insatisfactorio y mi mente imaginativa tenía una forma muy fácil de arreglarlo y era viajar a otros mundos. En aquella época que no viajábamos, lo pude conseguir con la ayuda de mis mejores amigos, los libros. Aquellos primeros libros de Antoñita la Fantástica, tan audaz, tan libre y tan feliz, me transportaban a un paraíso de una infancia feliz.
Posteriormente, he podido viajar por paraísos reales que me han ayudado a superar otros mundos de desarraigo y contradicción y, que pueden servir de hilo conductor de alguna etapa de mis años de madurez.
Era una niña tímida y algo acomplejada, pero muy intuitiva y también pasional. Todo me interesaba y todo era objeto de mi análisis e investigación. Mis muñecas, mi cocinita, las pinzas de la ropa, todo era válido para crear otros mapas, otros rumbos. Ya estaba en mí la semilla que mas tarde me haría apasionarme por la sociedad y sus entresijos.

Las palabras claves que, quizás, mejor definan mi vida son:

RESPONSABILIDAD FAMILIA
IMAGINACION LIBROS
CONTRADICCION VIAJES
INVESTIGACION PASION

domingo, 14 de febrero de 2010

Un domingo de mi infancia


La Gran Vía estaba en su apogeo a aquella hora. Era un domingo de octubre de mediados los años 50, del siglo pasado obviamente. Salíamos de la misa de 12 en San José, mi madre elegante y satisfecha con su mantilla; mi hermano medio dormido y muy repeinado, con sus pantalones cortos y sus zapatos nuevos, estaba deseando irse a jugar a las chapas con sus amigos. Yo les iba a la zaga un poco avergonzada de la cursilada de traje que me habían obligado a ponerme con volantes y bordados, además del perifollo de trencitas que me hacían parecer una niña pequeña. Por si fuera poco, iba de la mano de mi madre como si me fuera a perder. Todo mi cuerpo se curvaba hacia adelante, como un caracol, para esconderme dentro de mi misma y que nadie me viera. Mi triste mirada avanzaba más rápida que mis piernas para llegar cuanto antes a casa y tratar de quitarme toda aquella armadura de velo, zapatos duros, gomas, horquillas y el disfraz de niña buena que sabe rezar. Lo único que quería era meterme en mi habitación y poder leer, pero no iba a ser nada fácil pues todos domingos venían a comer a casa mis tíos y primas para el ritual de la paella.
Hasta esa semana mis lecturas se limitaban a cuentos bastante tontos y a las lecturas de las monjas que no se salían de los libros de santos y de los evangelios, porque ni tan siquiera la Biblia les parecía, creo yo, un libro respetable para unas niñas inocentes. Mi prima -dos años mayor que yo- me prestó a escondidas el libro de Antoñita la Fantástica; con cuidado lo escondí y lo metí entre mis libros de cole para que pareciese que estudiaba, pues tenía todas las papeletas para que me lo quitasen, ya que mis notas habían sido un desastre y mi padre me llamaba la “cuatro por cuatro”; ya sabes, por aquello del famoso coche y mis múltiples suspensos.
Cuando empecé a leerlo ya no pude parar. ¿Te imaginas? era una niña como yo, con un hermano que le rompía todo lo suyo, una tía que lo sabía todo, unas monjas mandonas que la torturaban con los rezos, la costura (siempre torcida y sucia para su gusto), la escritura de palos picudos. Antoñita podía con todo, era más lista que ellos y se reía o lloraba pero siempre salía airosa. Leí un capitulo tras otro como no había leído hasta entonces. No me parecía que leía sino que vivía dentro del personaje de Antoñita. Ya no era yo la niña tímida y acomplejada que soportaba con resignación un entorno rígido y normativo, sino una divertida y desenfadada muchachita que, como tu libro de Alicia en el País de las Maravillas, atravesaba paredes y se sumergía en el nuevo universo lleno de luz en el que todo era posible.
Cuando aquel inolvidable domingo salí de mi cuarto corrí por pasillo haciendo mucho ruido, entré en la cocina y comí chocolate hasta hartarme, me sequé las manos en el precioso vestido blanco sin importarme qué podían pensar y decir el resto de la familia.

viernes, 5 de febrero de 2010

bienvenidos a mi blog


Mi madre, en su costurero, tenía muchos retales, hilos de colores y un montón de imaginación para confeccionarnos todo lo que le pedíamos. En honor a ella, quiero tejer con los trozos de mi vida la historia de esta maravillosa familia. En este taller también escribiré cuentos para mis nietos -vengan o no- para así poder disfrutar de los sueños de infancia. Tirando de los hilos del recuerdo trataré de recordar los muchos viajes que he hecho y, como todo no va a ser pasado, creo que iré haciendo la bitacora de mi viaje actual, aquí o por donde ande recorriendo el mundo.